Campesinos somos todos

Apoyo a la movilización colombiana en favor del campo

El paro campesino es un derecho

Por fin he podido ver el documental 9.70 de Victoria Solano. Con tanta repercusión en redes sociales y en medio del Paro Nacional Agrario, que ya lleva más de cinco días, me sentía en la obligación de verlo para entender por qué una de las razones de los campesinos para seguir luchando era reivindicar su derecho a la recolección y almacenamiento de semillas.

Suena raro, pero así es. Los campesinos no solamente bloquean carreteras porque necesitan rebajas en los suministros agrícolas o subsidios para seguir produciendo papa, arroz, tomate, zanahorias y esas cosas que comemos a diario… Los campesinos también protestan porque consideran desproporcionadas las medidas impuestas por el Tratado de Libre Comercio (TLC) que les obliga, entre otras cosas, a desechar las semillas que no utilicen en su producción.

La cosa es así: desde que los Chibchas poblaban nuestras tierras, una parte de las semillas (generalmente la mejor de cada cosecha) es guardada cuidadosamente por los campesinos para reutilizarla en la próxima temporada. O lo que es lo mismo, la hormiga que guarda comida y se prepara para el invierno.

A raíz de la Resolución 9.70 del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), la Policía puede incautar y destruir toda semilla almacenada porque si se reutiliza, se considera que el campesino está violando derechos de autor. ¿Perdón? Sí, derechos de autor de las grandes compañías productoras de semillas certificadas que son las que Colombia debería usar, tal y como se comprometió cuando firmó el TLC.

Estas grandes compañías no son otras que Monsanto, Sygenta o Dupont, famosas por producir semillas modificadas o trasgénicas.

Al dato habría que agregar cifras. Las exportaciones de productos agropecuarios desde Estados Unidos hacia Colombia en el último año (o sea el primero del TLC) aumentaron en un 81% con respecto al año anterior. Y si hablamos de arroz la cosa pone los pelos de punta: hasta el año pasado nos vendían 1,5 millones de dólares pero de un semestre a otro las ventas subieron al 2000% contabilizando 41 millones de dólares.

Estos datos, tomados del Departamento de Agricultura de Estados Unidos y revelados por la revista Portafolio, ponen en evidencia lo que tantas veces se nos dijo cuando se iba a firmar el TLC: que importaríamos más de lo que exportaríamos y que la producción agrícola colombiana estaría más vulnerable que nunca.

Si a todo esto se suma que el 77% de las tierras colombianas sólo está en manos de un 13% de propietarios y que quienes realmente la trabajan tienen menos de una Unidad Agrícola Familiar (que es como la ley divide el campo de acuerdo a sus usos y explotación), nos sobran mil razones para salir a protestar en defensa del campesino y sobre todo, en contra de la criminalización que pretende este gobierno.

Ya lo dijo sabiamente Daniel Samper en su columna de El Tiempo: “si usted fuera campesino seguramente también estaría gritando en una carretera”.

Sin embargo, lo más lamentable de toda esta situación es que el TLC no tiene marcha atrás y me temo que Colombia no tiene las agallas para romperlo.

Anuncios

2 comentarios en “Campesinos somos todos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s