¡Elijo seguir aquí!

La bici como transporte públicoYa juré fidelidad al Borbón.

Ya juré cumplir la Constitución.

Ya firmé con mi puño y letra un papel que no leí pero en el que según entendí, me acojo a la doble nacionalidad y  me asumo como ciudadana española.

Y todo eso en menos de diez minutos, frente a nueve personas más, todas ansiosas como yo, todas pendientes de la cara del notario que dijera nuestro nombre y nos pasara el papelito en cuestión.

¿Y ahora qué? Esperar pacientemente a que me llegue un mail de confirmación en el que me invitarán a registrarme con un acta de nacimiento español, que más bien debería llamarse “de renacimiento”, por aquello de que la primera sigue en Colombia, donde realmente vi la luz por primera vez. Esta nueva acta será mi elección, mi convicción, mi decisión.

Lo de esperar pacientemente no me lo tienen que repetir dos veces. Llevo casi diez años en este país y tengo un doctorado en “paciencia burocrática”. Tanto documento por presentar, tanto impuesto por pagar, tanto formulario por rellenar me han hecho experta en una cosa que soy pero que no sabía muy bien: extranjera.

Así que ahora que solo falta un paso para convertirme en otra cosa diferente (extranjera con nacionalidad española), el mundo entero parece empeñado en preguntarme: ¡¿y por qué?! ¡¿y para qué?!

España ya no es glamorosa; ya no inspira aventuras de dinero rápido con trabajo seguro; ya no es digna de figurar en los mapas de los países prósperos; ya ni siquiera se le considera una nación europea cool, ahora sólo es parte del Sur pobre (mediterránea pero pobre).Detalle del barrio El Raval

Pese a tantos contras, mi respuesta es clara: me gusta este rincón del mundo. Me gusta y elijo estar aquí, seguir aquí, luchar aquí. Es paradójico porque justo en este país descubrí lo que significa el término xenofobia, entendí que no todos los foráneos son bienvenidos, comprendí que un número de identificación oficial es más valioso que un bagaje profesional.

Pese a los pesares, adoro pasear de noche por mi querida Barcelona, me encanta toparme con parques infantiles seguros cada dos por tres; me gusta tomarme un café con mis amigos en una plaza pública y no en un centro comercial; me sigo maravillando con las facilidades del transporte público; me gustan las formas de burla abierta contra la clase política y sus dirigentes; me sigue entusiasmando la capacidad de protesta y movilización social…

¿Y si te tienes que devolver? Tengo mil motivos más para sentirme encantada de mi país y, por supuesto, hay mil motivos más para detestarlo; pero esos son los pesares propios de cada decisión que se toma en la vida.

Por ahora sigo aquí por elección y eso, para mí, es más que meritorio: poder elegir donde se quiere estar.

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