Lo público tendría que seguir siendo público

Imagen tomada de medicosdelmundo.org

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Cuando comento a algunas personas en Colombia que a partir del 1 de septiembre la sanidad pública española dejará de atender a inmigrantes sin papeles, muchos -con la honestidad a flor de piel- me dicen que es lamentable pero que no hay remedio. Que nos guste o no así funciona el sistema: el que no pueda pagar, que se busque la caridad y el que pueda pagar, que reciba atención médica.

Me quedo de piedra pero lo entiendo. A mí se me había olvidado un poco esa actitud del “sálvese quien pueda” tan propia de nuestra sociedad (y me atrevería a generalizar, contando a casi todas las sociedades latinoamericanas).

Es fácil de entender: desde los años 90 nos vendieron la idea del neoliberalismo como gran modernizador de nuestras proteccionistas economías y, de ahí en adelante, los conceptos “privatización”, “reducción del Estado”, “deslocalización de la producción”, “abaratar costes” y “apertura de mercados” se volvieron cotidianos. Tanto que no concebimos otra forma de competir en la gran jungla que es el mundo.

Eso de “sociedad del bienestar” nos suena tan lejano como imposible. ¿Que un Estado sea capaz de repartir el dinero de todos para que todos gocemos de salud, educación y seguridad? ¿Que la salud es un derecho universal? ¿Que la educación pública debe ser gratuita y de calidad? Sí, sí, todo muy bonito pero en el plano de lo ideal.

Pues bien, cuando llegué a este país y fui entendiendo lo que ese Estado de Bienestar significa para España, me enamoré de ese aspecto de esta sociedad. Me encantó la forma en que defienden sus derechos sociales, me sorprendió la poca desigualdad social que aquí se respira y la inmensa y poderosa red que conforma la clase media.

Todo eso, unido, es producto de la Sociedad de Bienestar y cada vez que una medida como la anunciada por este Gobierno pone en tela de juicio la universalidad o gratuidad de derechos básicos como la salud o la educación, saltan cientos de voces de alarma y no sólo porque la medida no supone un ahorro descomunal sino por las consecuencias que tendría para el sistema de urgencias un colapso por aumento de pacientes (sin contar con la reducción de personal médico, también por los recortes sociales).

¿Los escandalosos son rojos, personas contracorriente que no entienden las exigencias del modelo económico imperante? No. Estoy convencida de que no, porque resulta indignante y vergonzoso que esos mismos gobernantes que alegan falta de fondos públicos para atendernos a todos, entreguen miles de millones para salvar un banco privado (que se nutrió de la ingenuidad de muchos inversores y gozó como ninguno de la burbuja inmobiliaria) o se atrevan a defender la aportación pública en colegios privados que segregan a sus alumnos por género.

No nos engañemos. Lo público, en estos tiempos neoliberales que corren, siempre estará disponible para salvar intereses privados pero cada vez se restringirá más para salvaguardar los derechos sociales que  nos quedan.

Por cierto, aquí les dejo el vídeo de Médicos del Mundo que se niegan a aplicar la Reforma Sanitaria, porque la atención médica tendría que ser para todos:

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Un comentario en “Lo público tendría que seguir siendo público

  1. • El miedo a perder el empleo lleva a la persona que lo padece a aceptar cada vez más recortes en sus beneficios (más horas de trabajo, menos días no laborales, baja de salarios, menos beneficios sociales, etc.), generándose situaciones estresantes que lo llevan a padecimientos psíquicos y psicosomáticos, algunos de ellos irreparables. • La inseguridad laboral actúa como un estresor crónico, cuyos efectos negativos se acentúan en función del tiempo a que están expuestos a esta inestabilidad. • El temor a perder el empleo y sus consecuencias dependen de factores personales, las etapas evolutivas, la formación previa y los sistemas de contención familiar y social. • La inestabilidad laboral varía las características estresantes según las etapas evolutivas, con grandes diferencias en su implicancia y aceptación. Para la poblacion más joven forma parte del encuadre actual de las relaciones laborales; para las personas de mayor edad, es una variable interviniente nueva con connotaciones negativas y escasos recursos para su superación. • La inestabilidad laboral tiene distintos niveles de impacto si la persona que la padece es único sostén familiar. • La inestabilidad laboral trae aparejados cambios en las relaciones familiares y sociales, que se hacen extensivos al campo social. En estas situaciones va desapareciendo la solidaridad, se pone de manifiesto el aumento del individualismo y el ” Sálvese quién pueda”.

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