Qué asco la normalidad

Uno de los términos que más he aprendido a detestar desde que estoy en este país es NORMALIDAD.

La normalidad se atribuye a la estabilidad, a la obviedad, a la regularidad, a lo común, a lo habitual.

Cuando sucede un caso de violencia de género y no se les ocurre otra idea más brillante que preguntar a la vecina qué opina del presunto maltratador o asesino, su respuesta -en el 90% de los casos- es la siguiente: “no lo conocía muy bien pero parecía normal”.

¡Bingo! Tenemos titular. El hombre “parecía normal” pero al final, resultó imputado por un delito. O sea, que se salió de la normalidad para meterse en los expedientes judiciales, donde seguramente imperan otras reglas de lo normal.

A la consabida falta de sinónimos que impera en esta sociedad, se suma la socorrida palabra “normalidad” que vale para casi todo.

Y con las revueltas de Túnez, Libia y Egipto vuelve el perro a intentar agarrarse la cola: ¿por qué nadie advirtió que la imperante “normalidad” en el Magreb y parte del Oriente Medio era una olla a presión? Pues por lo mismo: porque como todo era “normal”, a nadie le importaba lo que allí sucedía.

Era normal que un presidente como Mubarak llevara treinta años en el poder y modificara las leyes siempre a su favor, con tal de mantener “la paz” en la región. ¿Mmmm? ¿Estamos hablando de democracia o de negocios?

¿Muy ingenua la pregunta, no?

Era normal que Gadafi llegara a España con un séquito de 300 personas, incluyendo mujeres vírgenes, choferes para sus decenas de Mercedes Benz y una jaima con todas las de la ley. Era absolutamene normal si tenemos en cuenta que el 75% del petróleo libio alimenta a Europa.

Como también muy normal era la actitud de Ben Ali, el depuesto presidente tunecino. Contrario a cualquier fuerza opositora, pasando por encima de los derechos humanos, Ali se mantuvo en el poder durante 23 años con la connivencia internacional gracias a que garantizaba “la estabilidad” frenando las aspiraciones políticas islamistas.

Y volvemos al principio: ¿normalidad para quién?

Lo normal ahora son las revoluciones ciudadanas, la inconformidad, las manifestaciones contra los gobiernos “estables”. Esos mismos que ayer eran convenientes y hoy son repudiados por sus prácticas antidemocráticas.

¡Cuánta hipocresía emana Europa y cuánta inoperancia sigue demostrando la ONU!

¿Que ya subió el petróleo? ¡Ah sí! ¿Y no será culpa de los especuladores? No, los especuladores son gente normal que trabaja en la bolsa normal del mundo occidental normal.

La culpa la tienen los revolucionarios esos que no se podían esperar treinta años más para despertar.

Anuncios

2 comentarios en “Qué asco la normalidad

  1. No me vas a creer, pero en tiempos “normales” paso por acá y no encuentro novedades, entonces cuando la sociedad manifiesta cualquier síntoma extraño -tiene fiebrecita- enseguida Zulma reacciona, es su manera normal de volcar a la literatura ese desconcierto que la normalidad cotidiana -en colombia se dice calma chicha- se mantiene por siempre, a falta de otros caminos, de otras visiones; los soñadores son mal vistos. Otra vez a Xochipilli debes invocar.
    Un Saludo, y desde el 3 de marzo Systema Solar en gira Francia-Dinamarca.

    • ZAS dijo:

      La verdad es que últimamente me gustaría reaccionar más a menudo, sin esperar “fiebrecitas”, pero las circunstancias personales me tienen un poco alejada de mi blog. No lo olvido, pero ya no escribo con tanta frecuencia como antes. ¡Gracias por leerme!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s