Del almanaque Bristol al Calendari dels Pagesos

Vuelvo por fin a mi Prórroga. Y dirán ustedes: ¿dónde se metió? ¿por qué tanto tiempo ausente? Pues qué puedo decir. Incompatibilidades varias que te obligan a concentrarte en unas cosas y a descuidar otras.

Portada de la edición de noviembre

Lo curioso es que vuelvo con el alma en retro. Con la nostalgia viva. Y todo por culpa de una publicación tan sabia como humilde que hace poco llegó a mis manos: El calendari dels Pagesos.

Pagesos podríamos traducirlo como “campesinos” pero yo diría que es de  todos aquellos que no nos fíamos al 100% de las predicciones del tiempo en el Weather Channel; que queremos tener presentes las fiestas de tal o cual pueblo o que nos emocionamos con los ingenuos refranes alusivos a cada mes, a cada estación.

¡En fin! Una publicación hecha a medida de los nostágicos. Y como lo retro, lo vintage, está de moda, también podemos anotarle un punto por no descuidar su imagen, sus ilustraciones y sus recomendaciones. Por seguir fiel al estilo con que nació, en 1861.

El Calendari dels Pagesos celebra 150 años y para esta edición especial trae un suplemento con su historia. Te enteras, por ejemplo, que en 1814 el Rey Fernando VII (el mismo contra el que nos rebelamos casi todas las colonias americanas) abolió la libertad de pre nsa. Y sin libertad de prensa, el único negocio editorial posible era el de la Corona (¡qué obsesión con los monopolios!).

También te enteras de que en 1940 el editor del Calendari se atrevió a publicar su número en catalán. El franquismo empezaba a imponer la castellanización de todo en Catalunya, pero este buen hombre no tenía tiempo de traducir así que se atrevió a sacar su publicación como siempre lo había hecho: en catalán. Lo más bonito de la anécdota es que ante la escasez de papel de aquella época, el Calendari se imprimió sobre cupones de racionamiento del Ayuntamiento de Barcelona. Es decir, letras nuevas sobre letras viejas.

Contra todo pronóstico el Calendari ha seguido imprimiéndose y vendiéndose y a lo mejor ya sólo queda como objeto de culto de coleccionistas o nostálgicos pero sigo pensando que es una maravilla poder disfrutar del papel.

Entre tanta Web y tanta sofisticación tecnológica para una actividad tan entrañable como la lectura, consuela darse cuenta de que aún quedan transgresores: editores, libreros y lectores capaces de pasar las hojas sin un frío click de por medio.

P.D. Para más “morriña”, diré que este Calendari precioso me recuerda uno que rondó continuamente mi infancia y que, según sé, todavía se distribuye en Colombia: el inigualable Almanaque Bristol.

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