La hinchada a la distancia

Los bares en Barcelona cierran a las 3:00 de la mañana. Lo comprobé ayer recorriendo varios y preguntando si pasarían el partido Argentina-Brasil. ¿Por qué bares? Porque el partido lo emitiría Digital Plus, televisión de pago. Y ahí nos tienes: A Sergio y Sara por un lado de la ciudad y a Carlos y a mí por otro. Indagando, investigando, preguntando si “el partido” por excelencia sería transmitido en clandestino, en sesión especial para clientes que se quedaran luego del cierre del bar o del pub o de lo que fuera.

En Las Ramblas abundaban los turistas despistados, los borrachos y los policías. Sobre todo estos últimos con su cara de malos amigos y sus furgones listos para transportar prostitutas a la cárcel o al centro de internamiento para extranjeros (todo según si tenían o no pasaporte). Y es que anoche también comprobé la paranoia que inunda el centro de Barcelona: hay alarma social por la prostitución y sus delitos anexos. Y mientras la poli nos miraba a todas las mujeres con tufillo de sospecha, nosotros examinábamos las pizarras de los pubs a ver si en alguna anunciaban el partido.

Casi a la una de la mañana la llamada de Sergio cambió el rumbo de la noche: “los de Rosario Central de Catalunya han alquilado un restaurante. Hay lugar. Los espero en la barra”. Y allí vamos. Y esperamos con paciencia a que salgan los últimos comensales. La pantalla y las sillas están bien dispuestas. Logramos un buen sitio.

Para mí, la experiencia fue más sociológica que deportiva: un grupo de casi cien argentinos ansiosos y exultantes, sufría cada vez que enfocaban a Maradona con esa carita de “no sé qué hacer”. Y pese a los goles de Brasil, estos hinchas cantaban y gritaban y animaban a su equipo. ¿De dónde sacarán tantas y tan pegajosas canciones? Era lo que más me preguntaba en ese momento.

Un choripan salvó mis tripas hambrientas y creo que la Quilmes me relajó tanto que en el segundo tiempo ya no podía resistir más. Cabecié, sí. Y dormí por ratos, sí. ¡Ah! pero qué magnífico espectáculo despertar y ver todas esas caritas angustiadas y pendientes de la tele. Sabían que Brasil jugó mejor pero se negaban a admitirlo (claro! son argentinos), y lo mejor, lo más admirable, es que confiaban en sus chicos, y los seguían animando, y aunque estaban a miles de kilómetros de distancia, se sentían en Rosario, en su estadio, gritando con la misma intensidad.

La jornada terminó a las 4:30 de la madrugada, rumbo a casa. Y yo pensaba: ¿cuántos espectáculos clandestinos se presenciarán a estas horas en la Barcelona noctámbula?

Mientras un centenar de argentinos luchaba en sus asientos por darle un empujón a su equipo, en Las Ramblas detenían a 16 personas (lo curioso es que doce de los detenidos eran hombres, inmigrantes, ‘sin papeles’ que no tienen nada qué ver con la prostitución)….

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