Un día raro: del grito furioso al chino misterioso

“¿Usted cree que tiene algún derecho a llamarme?” Me gritaba con insistencia aquel hombre a través del teléfono. Su madre fue asesinada por su padre el fin de semana pasado. Se constituía en la víctima 36 de la violencia de género en España, en lo que va corrido de 2009.

Y pese a que yo tenía preparado un discurso sobre la necesidad de ponerle rostro a las estadísticas y tenía listas mis palabras de condolencia, sentidas y sinceras, aquel grito (lleno de rabia) me retumbó de tal forma, que me bloqueó.

A lo largo del día pensaba que no tenía respuesta. Que después de tantos años trabajando como periodista no estoy muy segura si tengo el derecho pleno de conseguirme el teléfono de una persona que está sufriendo una pena tan honda y llamarle y preguntarle cosas.

Hice hasta un recorrido mental por mis libros y mis clases de ética, de derecho a la información… y una parte de mí respondía que sí, que tenía derecho, tanto como lo tiene la ciudadanía a informarse. Y otra parte de mí respondía que no, que ya estaba cansada de este oficio tantas veces ingrato.

En la tarde, en medio de mis cavilaciones, coincidí con un chino en la banca que estaba afuera de la estación del metro. Él en una punta de la banca y yo en otra.

Sonó su móvil y después de contestar, me dio la espalda. Bajó la voz y asumió la actitud de quien no quiere ser descubierto en su conversación privada.

-“¿Qué le pasa a éste?”, pensé, ¿se creerá que hablo chino?

¡Me pareció tan ridícula la situación! Del insulto telefónico con cuestionamiento profesional, paso al rechazo frontal de un hombre al que no le entiendo ni el nombre…

-“Debe ser que hoy apesto”, fue lo único que pude concluir.

P.D. Remato mi raro día comprándome una Squire. Un malísimo, pero enganchador, relato de Stephen King me ayuda a sobrellevar el largo recorrido en metro… ¡Mañana será otro día!

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Un comentario en “Un día raro: del grito furioso al chino misterioso

  1. Anonymous dijo:

    Qué gran dibujo de las sensaciones del periodista. Muchas veces nos ven (y nos sentimos) como carniceros del dolor humano, aunque nosotros seríamos los primeros en preferir no molestar a la seres humanos que pasan por los peores momentos de su vida. Sin embargo, si decidieramos comunicar con una nota de prensa aséptica como única fuente de información, nunca habrían existido los estremecedores relatos del holocausto judío, los estragos del napalm en Vietnam o la tragedia de los desplazados de Colombia. Al generar sentimientos en la opinión pública, conseguimos que la gente reaccione y pida explicación a sus dirigentes. ¡Ánimo!

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