Perú me deja pensando

Había una vez un peruano muy triste. Decía que 25 de años de cárcel para el señor Fujimori eran injustos porque había hecho mucho contra el terrorismo.

Pausa en el cuento.

Reviso artículos, leo columnas de opinión, intento entender la situación. La condena ha sido calificada por casi todos los organismos como un hecho histórico e incluso hay muchos que califican el juicio como “impecable”. Al señor Fujimori se le condena como autor intelectual de dos matanzas: la de Barrios Altos, en 1991 y la de La Cantuta, en 1992. Sin embargo, tiene pendientes cuatro acusaciones más por corrupción.

Sigo el cuento. Nuestro amigo no es el único triste. Como él, miles de compatriotas gritan “chino inocente” y se unen al clamor de Keiko Fujimori para que la Corte Suprema resuelva la apelación en favor del ex presidente. Si no resulta, Keiko, la hija, la congresista, tiene un Plan B: llegará ella misma a la Presidencia del Perú e indultará a su padre.

¿Cuál es el argumento que justificaría un indulto? Al parecer, la sentencia es producto del “odio y la venganza” (según palabras de Keiko) y lo más importante, el señor Fujimori hizo mucho pero mucho para acabar con Sendero Luminoso y ésta no es la forma de pagarle.

El fin justifica los medios, el que no arriesga no gana, pagan justos por pecadores, en la guerra todo se vale.

¿Entonces para qué tenemos un Estado de Derecho? ¿Para qué defendemos la participación libre en elecciones ? ¿Por qué presumimos de democracias en Latinoamérica?

Y mientras intento entender por qué el 52% de los peruanos dice apoyar al señor Fujimori y el 25% está dispuesto a votar por Keiko para Presidenta, alzo un poco la mirada y me encuentro con una noticia de dos párrafos en la prensa colombiana: siete militares fueron condenados a treinta años de cárcel por un “falso positivo”. En enero de 2006 asesinaron a Edilberto Vásquez Cardona en la vereda Guineo Alto, en San José de Apartadó (Antioquia). Según su informe, Vásquez fue dado de baja en un enfrentamiento y “se le incautaron una granada de mano, un fusil Galil, 86 cartucho calibre 5.56, y un radio de comunicaciones”.

Nunca hubo tal enfrentamiento, aquel día, en ese lugar.

En otro punto de la geografía colombiana, pero en 2004, trece militares asesinaron a Diosides Caicedo Palomar. La Procuraduría acaba de destituirlos e inhabilitarlos por veinte años. ¿Por qué? Porque según el informe de la procuraduría aquel hecho fue reportado como “baja en medio de un enfrentamiento” y se pudo demostrar que “se intentó modificar la escena del crimen y los sindicados presentaron testigos falsos durante la investigación”.

Puedo seguir y puedo retorcerme mientras leo los cientos de “falsos positivos” que cada día descubrimos en Colombia, pero prefiero parar aquí. Prefiero confiar en que la justicia seguirá haciendo su trabajo y que algún día, como en Perú, veremos al señor U. compareciendo ante los tribunales.

Porque las responsabilidades son gubernamentales. Y aunque los soldados profesionales, los cabos y los sargentos sigan cumpliendo las penas que les sean impuestas, por encima de ellos hay altos mandos militares y por encima de los mandos hay políticas del Ejecutivo que encuentran eco en la popularidad y no pararán hasta convencernos de que la Seguridad Democrática pasa por el “todo se vale”.

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2 comentarios en “Perú me deja pensando

  1. juanmosquera dijo:

    ¿habrá un dia en que los juicios toquen este lado del planeta y la palabra culpable acuse a quien ayer y hoy se viste con ropas de preciado salvador?

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