NÁPOLES A LO JURASSIC PARK

El todopoderoso Facebook me transportó a un lugar que creía desaparecido del mapa: la Hacienda Nápoles. Una amiga colgó unas fotos que se tomó allí con su marido y su hijo y cuál sería mi sorpresa al descubrir anuncios tipo Jurassic Park invitando al público a conocer hipopótamos y a respetar a los animales que se encontrara en el camino.

Cierro fotos y entro al omnisciente Google. Tecleo: “Hacienda Nápoles” y me sale un sitio web bonito para que el navegador se anime a viajar hasta las entrañas del departamento de Antioquia (Colombia) y se sienta como en un safari.

Entusiasmada como estaba por redescubrir un lugar que conocí en mi infancia y que es toda una leyenda en Colombia, navegué por el sitio web para ver qué destacaban de su historia. El primer párrafo dice: “la Hacienda Nápoles fue adquirida por sus antiguos dueños en la década del setenta, cuando las tierras de Doradal estaban apenas abriéndose y valían muy poco. La Hacienda llegó a tener 1.800 hectáreas, pero hubo terrenos vecinos que sumaban otras 900 hectáreas y pertenecieron a los mismos propietarios”.

Sigo leyendo: “La Hacienda fue famosa desde comienzos de los años ochenta por haber albergado el principal zoológico privado de Suramérica”. Por ningún lado se mencionan los nombres de los “antiguos dueños”, pero sí que se detalla el proceso de extinción de dominio, que comenzó en 1993 con la entrada de la Policía a la propiedad.

O sea que un turista europeo que llegue a este sitio web no tendrá oportunidad de saber que esta Hacienda fue propiedad de Pablo Escobar Gaviria, el personaje más temido y también más poderoso que tuvo Colombia en las décadas de los 80 y 90. El narcotraficante más buscado por las autoridades de medio mundo.

Nápoles fue el símbolo de su grandeza. Hasta aquí, Escobar trajo animales que sólo se veían en los documentales como hipopótamos, cebras, jirafas, grullas, canguros, flamencos y avestruces y para demostrar que era hombre ‘público’, permitía que la gente paseara por las instalaciones y conociera los animales, siempre al aire libre.

Aquí, ‘el capo’ organizaba fiestas monumentales y se dice que también aquí se cometieron asesinatos.

Muchas leyendas e historias vinculan a Nápoles con un capítulo de la historia colombiana que no deberíamos ignorar ni olvidar. El ‘esplendor’ del narcotráfico fue también el ocaso de una buena parte de la clase política; el fin para muchas familias; el recrudecimiento del conflicto armado interno y el sello de ‘parias’ para los colombianos en el mundo.

Estoy casi convencida de que los actuales dueños de Nápoles omitieron el nombre de Escobar en la historia de la Hacienda para no hacer apología del narcotráfico ni pretender que éste sea un recorrido turístico por antiguos territorios mafiosos. Puede ser que no quisieran que se les incluyera en las guías como ese tour que está de moda para visitar la tumba de Pablo Escobar y el barrio ‘Medellín sin tugurios’, fundado por el mismo ‘Patrón’ en su etapa más política.

Puede ser, no puedo asegurarlo. Pero lo que sí se me ocurre es una sugerencia: no tapen el sol con un dedo. No crean que por omitir el ‘nombre maldito’, librarán a la Hacienda de su pasado.

Si algo he aprendido en España es que ocultar los detalles más deshonrosos de la historia alimenta más resentimientos de los deseados y lo peor, es que no permite aclarar la mente ni planear un futuro común.
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2 comentarios en “NÁPOLES A LO JURASSIC PARK

  1. juanmosquera dijo:

    Alli estuve justo hace unos días. En la Hacienda, en Doradal, en Puerto Triunfo, en el Magdalena Medio. Hicimos un programa de tv que habló de la historia y también del presente y de la esperanza de futuro. Hablamos de los problemas de la población hoy, que paradogicamente tienen que ver con los altos índices de drogadicción… pero bueno, me desvío, el asunto es que la Hacienda en la actualidad es uno de los lugares de reflexión sobre el pesado pasado reciente que he encontrado en Colombia. La antigua casa de Escobar, hoy en ruinas por saqueos búsqueda de guacas y abandono progresivo, exhibe en sus paredes el recuento cruento de aquel que fue Todo Señor de Estas y Otas Tierras. Relato construido por las pàginas enmarcada del diario El Espectador (y tu entiendes, Zulma, lo que esto significa) a veces en la pñuma del mismo Fidel Cano y de otros diarios y revistas. En esas paredes las noticias lloran porque parecen sucedidas como una explosión de hace pocos minutos.Es un lugar sobrecogedor que llama a sentir cualquier cosa menos el viento del olvido.No estará en la web, vitrina virtual, pero allí está en ese pedazo de selva que se llama realidad.

  2. ZAS dijo:

    Pues me alegra mucho saber que al menos, allí, in situ, se hagan reflexiones sobre lo que fue y no puede repetirse y sobre todo, de lo que la gente quiere proyectar para su futuro.Insisto en que el sitio web debería reflejarlo también, porque nosotros que crecimos allí entendemos (o intentamos entender) qué ha sucedido con ese capítulo de nuestra historia y a mí me encantaría que mis amigos de España y tanta gente interesada en Colombia a lo largo de Europa que se asoma a nuestro país a través de Internet, también cuente con elementos descriptivos de la realidad. Seguro que muchos se interesarán por visitar Nápoles y se acercarán con más respeto si cuentan con antecedentes más objetivos, menos vagos.

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