La angustia de andar ‘sin papeles’

“El otro día me tocó ver cómo la Policía acorralaba a unos africanos en el metro y los trataba mal. Mi madre se puso muy nerviosa. Yo la abracé y le dije que no demostrara nervios, que en esos momentos uno tiene que estar tranquilo y sereno.”

Como Carmen, la boliviana que narra esta historia, miles de inmigrantes ‘sin papeles’ practican el aplomo para pasar frente a una Comisaría de Policía o junto a un uniformado.

“Esto es un agobio permanente. Sientes como si le debieras algo a alguien, pero no es así”, asegura Julio Aguilera, quien admite que evita caminar por ciertos barrios donde “se sabe que hay policías de civil pidiendo papeles”. Este boliviano tiene la suerte de vivir en Barcelona con su madre, su esposa y sus dos hijas. Trabaja en reformas y sueña con regularizar su situación por arraigo para convertirse en autónomo. Su esposa, Dora Lino, se dedica al servicio doméstico y al cuidado de dos niñas. “Llego a las 9:30 de la noche a la casa a revisar que mis hijas hayan hecho los deberes. Ellas dicen que de lunes a viernes las otras niñas tienen a su mamá (o sea a mí) y que la devuelven los sábados y domingos”. Justamente los fines de semana ven jugar fútbol al papá y arman sus ‘bocatas’ para pasear por sitios emblemáticos como el Parque Güell.

Quien no tiene la suerte de conocer la ciudad es su compatriota, Marcela Arreaño, de 37 años. “Me levanto a las 7:00 de la mañana; a las 8:30 entro a trabajar y termino a las 7:00 de la tarde. De ahí me voy al locutorio para hablar con mis hijos y regreso a las 9:00 de la noche a la casa”. Una gran deuda la obligó a dejar a sus cinco hijos en Cochabamba y ahora, a punto de liquidarla, planea el viaje de regreso. “Al principio, mis jefes querían hacerme los papeles pero esto implicaba viajar a Bolivia a recoger la visa de trabajo y no podía darme ese lujo. Mi idea es irme en octubre y que mis jefes manden la oferta de trabajo para devolverme con el contrato legal”.

PARA AHORRAR
Si se trata de generalizar, hay que decir que el rostro del ‘sin papeles’ es el de un obrero que trabaja más horas de las reglamentarias; que saca tiempo para comunicarse con los suyos en la distancia y que prefiere pasar los ratos de ocio en el campo de fútbol o en el bar con sus paisanos. “Es cierto que hay mucha gente que aquí cae en el alcoholismo, pero creo que tiene que ver con la gran presión que se vive a diario: estás pendiente de cuidar tu trabajo y de que no te pidan papeles”, anota Carmen, quien prefirió omitir su nombre verdadero.

Todos se refieren a su país con pesimismo y están dispuestos a pasarlo mal aquí con tal de acumular dinero para sus familias. “Dejas tu profesión atrás pero encuentras grandes perspectivas para poder ahorrar”, agrega Elvia Misao, auditora con dos diplomados, quien trabaja como asistenta geriátrica y canguro y baila en un grupo de danzas.

Y aunque es más común encontrar ‘sin papeles’ entre el colectivo boliviano, los paraguayos también engrosan esta lista. Cuentan que la situación económica de su país es desesperante y que desde 2005 “se puso de moda” viajar a España.

Fredy Castillo fue uno de los que emprendió la aventura en abril de aquel año. Empezó vendiendo flores en la fiesta de Sant Jordi y cervezas en verano. “Inclusive me tocó quitarme la ropa para vender en una playa nudista”, recuerda con una carcajada.

Gracias a una furgoneta vieja empezó en el negocio de las mudanzas. “Ahora estoy asociado con un español para hacer mudanzas por todo el país. Siempre muestro la licencia de conducir paraguaya y como todos los papeles del coche están en orden, no me ponen problema”.

Su meta, como la de la mayoría, es regularizarse por arraigo.

Publicado en el periódico Latino

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Un comentario en “La angustia de andar ‘sin papeles’

  1. juanmosquera dijo:

    …y en mi cabeza tararea Pedro Guerra aquella canción suya que dice “Gente que mueve su casa”. Y el diccionario de todos los días me da el significado a esa palabra que convierte en extranjeros a tantos adentro de su propio país: Desplazados, que caminan también con el miedo en sus pies…

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