“En España se fragua un potencial literario latino”

Su nombre despista por lo difícil de pronunciar, pero apenas se le oye hablar no quedan dudas: Marco Schwartz es todo un barranquillero. ¡Y eso que lleva 20 años en España! “Llevo conmigo el Caribe a dondequiera que voy (…) sigo con mi acento colombiano y cuando voy a Colombia me dicen que hablo como un español”.

Ese limbo propio de quienes han vivido tanto tiempo fuera de su tierra, no le preocupa. Schwartz ha sabido valerse de su trabajo como escritor y periodista para defender una visión cosmopolita del mundo sin importar las fronteras. El salmo de Kaplan, la novela que le mereció el premio La otra orilla 2005, es una prueba de ello. Sin ser autobiográfica, describe a una comunidad judía en una ciudad de América Latina y, sin ser pretenciosa, rinde un discreto homenaje a Don Quijote de la Mancha.

¿Después de tantos años fuera del país uno deja de sentirse inmigrante? Se va desarrollando un sentimiento de no pertenencia a nada y, a la vez, de pertenencia a todo. Me siento muy cómodo en España, pero, evidentemente, hay flecos que no encajan. Es decir, uno no es del todo ni de un sitio ni del otro. En algunos casos, eso es una carga muy pesada. En el mío, ha sido una experiencia enriquecedora. A mí me gusta añadir culturas.

¿Se podría definir como escritor latinoamericano? Por pasaporte soy colombo-español, pero no sé si soy barranquillero-madrileño. Evito definirme. Soy un defensor de la visión universalista del Caribe, pero también adoro a Bogotá y a Madrid. Me gusta hablar de cosas que conozco. Ahora, si veo que quieren humillar a alguien por ser latinoamericano seré el primer latinoamericano. Si veo que se está insultando a alguien por ser negro, seré el primer negro.

¿Cómo ve el aumento de la inmigración latina en España? Me parece enriquecedor. Hay todo un mundo latinoamericano bastante vivo que le va a dar mucho a este país. Pronto oiremos hablar del potencial latino en las artes y la literatura, que se está fraguando.

PRIMER PREMIO

Los premios literarios están muy desprestigiados, ¿no? En general sí. Yo no era amigo de premios. Los escritores nunca pensamos que una novela está completa y por eso nos dicen: publica o te quedarás corrigiendo eternamente. Había empezado a escribir otra novela, pero a cada rato sacaba El salmo de Kaplan para mirarla. Por esos días me llegó la convocatoria del premio Norma y siempre me ha parecido un grupo muy prestigioso. Decidí mandarla y así me quitaba la novela de encima. Para mi sorpresa, ganó.

Los escritores premiados entran a una élite. ¿Usted se siente en otro nivel? No, porque normalmente no me desenvuelvo en un mundo de escritores. Soy periodista. Cubro política exterior en el Periódico de Catalunya. Tal vez he sentido conatos de popularidad: normalmente soy el que hace las entrevistas y ahora me las hacen a mí. Eso es un cambio, pero íntimamente no me cambia nada.

EL VIEJO KAPLAN

¿Qué hay de autobiográfico en esta novela? Hay algunos rasgos, experiencias vividas, inspiraciones físicas… Por ejemplo, para Kaplan me inspiré en mi abuelo, pero no se trata de una novela autobiográfica.

Al leerlo, se siente un aire a Don Quijote y a Sancho… Originalmente, los personajes no iban a ser el viejo y un policía, sino el viejo y su nieto. Esa idea la descarté porque algo no funcionaba. Luego concebí esta pareja y me di cuenta de que esa relación ya estaba contada por don Miguel de Cervantes. Decidí rendirle un tributo.

¿Es una reivindicación de las comunidades judías? No. El hecho de la comunidad judía también es secundario. La historia que pretendía contar es la de la soberbia y la vanidad de un señor que tiene el sueño de la trascendencia, enfrentado a la sensibilidad terrenal del cabo Contreras, su compañero en esta aventura. Para eso tenía que desarrollar una vida comunitaria y la que conozco es la judía.

Muy desconocida para el grueso de los latinos… Es que sobre los judíos siempre
existe una curiosidad. No se sabe bien qué pasa en esas comunidades. Se piensa que son seres extraños unidos para tomarse el mundo con redes ocultas o que son un grupo muy intelectual por personas como Einstein o Freud. Lo que digo en este libro es que ni lo uno ni lo otro. Es una comunidad común y corriente donde hay chismes, maledicencias, competencias y envidias.

Publicado en el Periódico Latino

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