Castillos que no imponen murallas

Si tuviéramos que definir colles castelleres, tendríamos que decir “cuadrillas que construyen castillos con sus cuerpos”. Pero la definición no solo es aburrida, sino que reduce al mínimo los altos niveles de cooperación que se logran en estos grupos y esa fascinación que despiertan cada vez que se presentan en público.

Al acercarse a cualquier plaza de Catalunya un domingo veraniego, una melodía medieval anuncia que la piña (base) del castillo está lista y que ya se está montando el segundo piso. Al fondo, se escuchan las órdenes del cap de colla (coordinador) pero la emoción por ver tantos cuerpos dependiendo unos de otros para no caerse, anula cualquier otro sentido que no sea la vista.

Todos miramos hacia arriba e intentamos sostener con la mente a los más pequeños que, con una agilidad sorprendente, se encaraman hasta la cima. A más de diez metros de altura, la respiración contenida, un pequeño cuerpo se acomoda en lo más alto de sus compañeros y una manito se levanta victoriosa para saludar al mundo.

El castillo ha sido coronado, los músicos cambian la melodía para indicar que sus torres se desmontan y la gente no para de aplaudir. Entre tantos seres humanos, responsables unos de otros, unidos por la fuerza y el equilibrio, se perciben diferentes acentos y razas.

DE TODOS LADOS
Las colles castelleres no son fortalezas herméticas. Al contrario: abren sus puertas continuamente para que mucha gente disfrute lo que significa trabajar y gozar en equipo. “Todos somos necesarios para lograr el objetivo”, repite la uruguaya Miriam González para explicar su satisfacción cuando se presenta con los castellers de Cerdanyola con su marido, Daniel Vera, y sus tres hijos. Como ellos, son muchas las familias que se apuntan al plan porque “aquí cada uno
tiene un lugar, una tarea. Todos somos importantes, nadie sobra”, reitera el colombiano, José Ramírez, casteller de Sabadell.

Integrarse a esta tradición catalana también supone el reto de practicar la lengua. “Las instrucciones se dan en catalán pero si hay algo que no entiendo me lo explican en español y ya está. Para mí no es un problema”, indica el colombiano Anuar Ortega. Para la mexicana Lorena Ramos no solo ha sido una oportunidad para fortalecer su catalán sino también “para encontrar un ambiente similar al latino, porque aquí se valora a la familia y es todo muy sano”. De hecho, su hija Giovanna (de cuatro años) se prepara para ser anxaneta (que corona el castillo).

HASTA 300
En estos grupos siempre se necesitará gente para garantizar actuaciones, al menos, tres domingos al mes. Por ejemplo, la colla castellera de Sants agrupa a 120 personas activas o comprometidas con los ensayos (dos veces por semana) pero cuando hay actuaciones muy importantes por aniversario o esta mayor se reúnen hasta 300 “porque llega gente que alguna vez fue casteller y que ahora no puede estar”, explica su presidenta, Montse Rafí. Para ella,
la presencia de latinos en estas colles no es algo extraordinario sino la consecuencia natural de su paso por Catalunya: “todos ellos ahora se encuentran en Barcelona y comparten una afición genuinamente catalana.”

BAILE ANCESTRAL
Esta tradición se remonta al siglo XVIII y nos sitúa en las estas mayores del sur de Catalunya, donde se practicaba una danza típica: el baile de valencianos. El baile terminaba con la construcción de una torre humana que se elevaba tres o cuatro pisos; pero la rivalidad entre los grupos para ver cuál hacía la torre más alta le fue dando cada vez más importancia. La torre se separó del baile a finales del siglo XVIII, pero aún hoy se presenta acompañada de músicos.

Es más, un castillo no se considera como tal sino hasta el momento en que la gralla (parecida a una dulzaina) empieza su melodía y da el toc de castells. Cuando el castillo se desmonta, la gralla deja de sonar.

Los músicos finalizan la sesión con su toc de vermut, que invita al público a acercarse a la comida popular, organizada por los castellers. En ese momento, la solidaridad toma forma de amistad y de camaradería, porque, sin duda, un castillo es mucho más que una torre humana.

Foto: Juan Carlos Ballardo
Publicado en el Periódico Latino
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s