Otra vez lo mismo
Luego, desvelaron que el entrevistador sería Juan José Millás y ahí sí tuve que respirar profundo y tratar de reducir al mínimo mis prejuicios: tranquila -me dije- el hombre se esforzará por encontrar el tono adecuado para retratarnos a Íngrid sin zalamerías ni frivolidades.
Llegó el día señalado. Me encontré de frente con Íngrid en la portada de El País Semanal y corrí a buscar la página de la anunciada entrevista. Eludí la firma para no llenarme de nuevo de ideas preconcebidas sobre el Millás que a veces me parece insoportable, aspiré y comencé la lectura dominical.
De nuevo, lo de siempre: el declive que roza el abismo. La foto de portada coincide perfectamente con el contenido de la entrevista: Íngrid mística, Íngrid misericordiosa, Íngrid carismática, Íngrid cosmopolita. Todo lo que un europeo “progre” y “eco” espera leer. Al final de la entrevista sólo faltó un teléfono o un e-mail de contacto para enviar ayudas a la selvática y salvaje Colombia.
Más allá de lo que yo piense de esta nueva Íngrid (un tanto contradictoria, por cierto, porque no se puede estar “psicológicamente equilibrada” como ella misma afirma y admitir, al mismo tiempo, que tiene bloqueos emocionales), más allá de lo que yo piense -decía- esta es una entrevista absolutamente desaprovechada, insulsa y ansiosa por satisfacer el morbo de quienes condenan los secuestros pero se mueren por saber cómo vive, come o duerme un secuestrado y más, si está en una tupida selva.
Ya no sólo hablo como lectora asidua de El País. Hablo como colombiana, interesada en entender un poquito más la realidad de mi país. Está claro que de esta publicación ya no puedo esperar reportajes medianamente ecuánimes y desapasionados sobre mi país. No hay caso.

