¿A quién le importan los Centros de Internamiento para Extranjeros?
Titular del 8 de enero de 2012: Técnicos españoles trabajan en Brasil en situación irregular
Y se explica más abajo: “Es frecuente trabajar con visado de turista mientras se espera regularizar la situación debido a las dificultades para instalarse legalmente en el país.”
Titular del 6 de enero de 2012: Muere de forma súbita un joven africano en el centro de extranjeros de Barcelona
La noticia merece nuevo informe en la prensa, que titula así el 11 de enero de 2012: Los centros de internamiento de simpapeles, bajo sospecha. Y explica más abajo: “Varias entidades denuncian el maltrato y piden el cierre de los CIE”
6, 8 y 11 de enero de 2012. Sólo tres días para digerir estas noticias que, en apariencia, tienen poco qué ver: los españoles trabajan como indocumentados en Brasil y los extranjeros indocumentados en España sufren vejaciones y maltratos en centros de detención especialmente diseñados para ellos.
Contrario a lo que podría pensarse, hay mucho en común entre ambas noticias: las dos hablan de personas que se buscan un mejor futuro fuera de sus países y las dos dan cuenta de los largos y engorrosos procesos para legalizar la situación administrativa como extranjeros, o lo que es lo mismo: para sacar papeles.
Leyendo ambas noticias nos queda claro que ni los españoles residentes en Brasil ni el guineano fallecido (como muchos extranjeros en España) cuentan con ‘papeles’ para trabajar. ¿La diferencia? Seguramente en Brasil no los esposarán para deportarlos ni los hacinarán en centros cuya definición no da para régimen carcelario, pero tampoco para detención provisional. Los extranjeros sin papeles en España pueden pasar hasta 60 días en los CIE sin que se les concedan mínimas garantías.
Han sido muchas las protestas exigiendo el cierre inmediato de los CIE pero al Gobierno o no le interesa el tema o no quiere escuchar nada al respecto.
En las salidas del metro, en los barrios con mayor población inmigrante y en las proximidades de los consulados los policías (uniformados o no) siguen pidiendo ‘papeles’ a quien tenga cara de extranjero y lo seguirán haciendo, pese a que organismos como Aministía Internacional han denunciado públicamente estas prácticas y condenan al Estado español.
No hay caso. Toca volver la vista a las noticias sobre los que se van y esperar con paciencia la publicación de los reportajes sobre lo mal que lo pasan para sacar sus papeles, para demostrar que son profesionales cualificados o para ganarse el respeto de la sociedad a la que llegan.
¡Saquemos pañuelos blancos en el puerto y deseémosles suerte! Que no encuentren Centros de Internamiento para Extranjeros en sus caminos ni mucho menos policías de paisano que les rompan en la cara sus pocas oportunidades de demostrar que quieren trabajar libremente en aquellas tierras.
Adiós a la Secretaría de Inmigración
No es que vayamos a extrañar muy especialmente a Anna Terrón, la secretaria de Estado de Inmigración y Emigración. No es que esta entidad haya tocado a menudo a nuestras puertas para preguntarnos qué nos hace falta como extranjeros residentes en España. No es que sepamos con claridad por qué dicha Secretaría tomaba algunas decisiones polémicas respecto a la inmigración en España, pero… teníamos una entidad dedicada a nuestros asuntos.
¡Así de claro! Sabíamos a quién remitir quejas sobre el funcionamiento de las Oficinas de Extranjería, sabíamos desde dónde se redactaba el Reglamento de Extranjería, sabíamos a qué página web acudir en caso de que hubieran cambiado los requisitos para un trámite…
Sabíamos, en definitiva, que contábamos con un respaldo institucional. Malo, regular o bueno, pero institucional al fin y al cabo. Si un medio de comunicación alertaba sobre problemas en la tramitación de permisos de residencia o sobre las dificultades para gestionar una reagrupación familiar o sobre las largas esperas en algunas Oficinas de Extranjería, sabíamos que podría encontrar respuesta en una entidad gubernamental de carácter estatal.
Y ese carácter estatal permitía que no se cometieran atropellos en nombre de las autonomías cuando algún gobierno local se animaba a imponer más requisitos o mayores restriciones.
Qué lástima que tengamos que despedir el año diciendo adiós a una entidad que, por lo menos, se ocupaba de los asuntos más específicos de la inmigración y por lo tanto, no le eran ajenos términos que para nosotros, los extranjeros, son pan nuestro de cada día, pero para el común de los españoles son tan lejanos como sus propias fronteras.
Y no sólo duele este cierre. Duele y mucho, la eliminación de la Secretaría de Igualdad y la de Cooperación Internacional.
Réquiem por los olvidados.

